Fundación Naturgy / Comprendiendo la pobreza energética
51 Análisis de la pobreza energética reducir el riesgo de quedar atrapado en la pobreza energética, especialmente en su forma crónica. El impacto del nivel educativo se refleja en una disminución que varía entre un -0,7 y un -1,2 en la probabilidad de sufrir pobreza energética crónica, dependiendo del indicador analizado. Sin embargo, aunque la relación entre el nivel educativo y la pobreza energética transitoria sigue siendo significativa, su efecto es menos pronunciado en comparación con la pobreza energética crónica (-0,4). Estos resultados están en línea con investigaciones recientes que han comenzado a prestar atención a los comportamientos energéticos como un factor adicional de pobreza energética (Berger y Höltl, 2019; Rau et al., 2020; Caballero y Della Valle, 2021). Estos estudios reconocen la necesidad de fomentar iniciativas de adopción de comportamientos más eficientes y la mejora al acceso a capacidades básicas que se derivan de un uso eficiente de la energía a través de formación y asesoramiento personalizado. No obstante, las características socioeconómicas y de vivienda influyen de manera diferente en la duración de la pobreza energética. Por ejemplo, el indicador de temperatura inadecuada revela que los hogares compuestos por un solo adulto tienen una mayor probabilidad de enfrentar pobreza energética transitoria. En contraste, el indicador de retraso en el pago de facturas muestra que los hogares unipersonales tienen una menor probabilidad de experimentar pobreza energética, ya sea transitoria o crónica. Una posible explicación puede ser que este colectivo haya restringido su consumo de energía, razón por la cual muestran un menor riesgo de pobreza energética ante indicadores que capturan aspectos más financieros. En otras palabras, el motivo de estas discrepancias puede venir explicadas por las diferencias existentes entre la percepción personal de los hogares respecto a su situación de confort térmico en la vivienda y la lucha real por gestionar el pago de las facturas del hogar, entre ellas las correspondientes a la energía. Un mayor nivel de riqueza o tener una vivienda en propiedad disminuyen significativamente la probabilidad de sufrir pobreza energética crónica. Los hogares con mejor situación financiera muestran una mayor probabilidad de reducir la probabilidad de ser pobre energético crónico.
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